"... y llegó el día en que una barra de pan costó un millón de Rublos..." Más o menos así comienza el libro de Frederick Forsyth "El Manifiesto Negro", pasa los Rublos a Francos suizos y en vez de un millón pide 2, no, 4 ó mejor 20 millones por una barra de pan y ya te podrás empezar a hacer una idea de lo que cuesta la vida en la verde Helvecia.El pasado fin de semana Armelita y yo nos subimos a los asientos de un MacDonell Douglas de la "compañía" Clickair y volamos raudos hacia Ginebra para pasar un par de días allí, hacer un poco de turismo y visitar la leyenda viva, el Museo HR Giger. Esto fue lo que pasó.
Sobre las 19.30 llegábamos al aeropuerto de Ginebra, después cercanías hasta la ciudad (6 minutos de trayecto) y nuestra primera sorpresa, un billete sencillo de metro para una zona, 2,40 Euros, 400 pelas, y nos quejamos en Barcelona de que el transporte público es caro, costando exactamente la mitad. ¿Os acordáis cuando el autobús costaba 95 pesetas? Tras esto llegamos al hotel sin mayores percances, ya que Ginebra es una ciudad pequeña -me atrevería a decir que incluso más pequeña que el Alicante actual- y probablemente con menos población, ya que en toda Suiza hay unos 7 millones de (millonarios) habitantes. El hotel está francamente bien, es algo caro, pero dentro de lo que cuestan otros hoteles, por situación y comodidades es sobresaliente, vamos yo lo recomiendo.
Ginebra está en el extremo oeste del lago Lèman, y como su nombre indica (Geneve="puerta del agua") es donde el río Ródano continúa su trayecto hacia el Mediterráneo, por lo tanto la ciudad tiene un río navegable y aparte, los puertos deportivos en el lago.
Una vez acomodados en el hotel decidimos salir a cenar algo baratillo, para minimizar la repercusión económica de una ciudad tan cara, así que nos fuimos a un chino que habíamos visto cerca de la estación. ¡PAM! 78 Francos por un par de pollos al limón, un arroz y 2 Coca Colas, al cambio unos 55 Euros, ¡Toma chino! Vamos, nos comimos hasta las servilletas antes de salir y volver al hotel con cara de haba.

A la mañana siguiente teníamos un buen viaje por delante, así que tras desayunar (sirven el desayuno en la habitación -esto es malo, porque no hay buffete libre:(- ) nos fuimos a la estación de tren a por nuestros billetes a Gruyeres, cogimos dos billete de Ginebra-Palézieux ¡PAM! 40 Francos por un trayecto como de Alicante a Villena, vamos bien. Después sacamos allí mismo (en unas máquinas estupendas que te permiten sacar billetes para cualquier destino desde cualquier sitio) los billetes Palézieux-Gruyeres ¡PAM! otros 40 Francos ida y vuelta en tren comarcal que atraviesa la montaña de 2 vagones, vamos bien.
El viaje fue muy agradable, los paisajes son increíbles, enormes (ciclópeos) prados verdes con el lago de fondo y asomando aún más allá, los Alpes totalmente nevados, es realmente algo digno de ver. Al cabo de un par de horas de viaje en total, llegamos a Gruyeres, donde hay que resaltar dos cosas; 1) Aquí está el Museo Giger y 2) El queso de gruyer NO tiene agujeros y NO es blandito. Según nos contaron allí, el típico queso agujereado que todo el mundo conoce como de gruyer, es un tipo de Emmental. El queso de Gruyeres es más seco y consistente, bien curado, vamos que está de muerte.El pueblecito de Gruyeres es una plaza fortificada sobre una colina que se eleva unos 300 metros sobre el valle, en un extremos hay 2 castillos, el de Gruyeres (más grande y bonito) y el de Saint Denise, dentro del cual está el Museo. El pueblo es muy pequeño, básicamente es una calle con casas medievales a ambos lados reconvertidas en hoteles y tiendas de souvenirs. Tiene una iglesia y una fuente en el centro de la calle, más allá está el acceso a los castillos y ya está, no creo que viva nadie en el pueblo, pero de hacerlo, no serían más de 50 personas. La estación del tren está en la base de la colina y hay que subir por un camino vadeado por farolas hasta la puerta de la muralla que da acceso al pueblo.
Allí comimos pan con queso -como no-, compramos caramelos de dulce de leche artesanos y merengues típicos de la región, vimos el Museo Giger, dimos una vuelta por el Castillo de Gruyeres (lástima, habían cerrado ya la visita) y nos tomamos algo en el Giger Bar, su gusto es muy discutible para muchos, pero no cabe duda de que el tío es un genio.
Hacia las 19.00 horas bajamos para coger el tren de vuelta a Palézieux, y una vez allí cogimos otro que nos dejó en Lausana, en total unos 20 Francos más ¡PAM!, pero no acaba aquí la cosa...
Lausana es más grande que Ginebra, pero su estructura es muy parecida, un casco antiguo elevado (bastante elevado) dominado por la catedral y las calles y construcciones medievales que la rodean. Mucho más abajo está el paseo "marítimo" pero con lago, con los puertos deportivos, más hoteles y restaurantes. Aún así, tanto en Ginebra como en Lausana, la gente sale a cenar y de marcha por los alrededores del casco antiguo, y nosotros no fuimos menos... Y aunque no fuimos menos, sí que volvimos con menos, porque cenar en Lausana es tan caro como en Ginebra, de hecho nos costó lo mismo ¡PAM! por lo menos Armelita probó la carne de caballo.Después de cenar y pasear un rato por el barrio viejo, volvimos a la estación para coger el tren de vuelta a Ginebra ¡PAM! otros 25 Francos de regalín antes de irte, para que no se te olvide.

Al día siguiente nos dedicamos a pasear por Ginebra, que aún no la habíamos visitado, la ciudad tiene tramvías y trambuses, un servicio de botes que cruza el lago para pasar de un extremo de la ciudad al otro, como los Vaporettos de Venecia. Las calles están impecablemente limpias e incluso en la orilla el agua del lago era tan transparente que podías ver el fondo. Subimos a la catedral protestante de Saint Pierre, y visitamos la Casa Tadel, la casa civil más antigua de la ciudad. Paseamos por el ayuntamiento y las casas donde se fundó la Cruz Roja Inter
nacional, finalmente nos fuimos al puerto del lago a ver el géiser artificial, construido en el S. XIX y que dispara el agua del lago a 200Km/h a una altura de 140 metros. Luego de las fotos de rigor subimos a un barco que por otro ¡PAM! te daba una vuelta guiada por el lago, mostrándote las ultramansiones y castillos que hay por toda la orilla, príncipes, jeques árabes, presidentes, escritores, ex-jugadores de rol, parece que todos tengan una casita a la orilla del lago, eso, como dice el Ligre, para que luego llegues a tu casa pienses que qué guay y que qué suerte tienes... Creo que cuanto más me acerco a ellos más me cuesta imaginar cómo debe ser la vida de según que gente, para la que hace mucho tiempo el dinero dejo de ser algo computable. Ah! las vistas del Mont Blanc son impresionanates también.Y eso es todo, un fin de semana intenso y completito, que eso sí, no estaría del todo completo sin el pertinente retraso de 3 horas en el aeropuerto, cortesía de Clickair. Nosotros hemos volado con Vueling y con Ryanair y no hemos visto tanta inoperabilidad y desmadre como en Clickair, no tienen personal presente en las terminales, por lo que te remiten a Iberia, que te dicen que ellos no son Clickair y que llames a un número gratuíto para informarte. Los asientos no son numerados "Free sitting" lo llaman ellos, y gilipollas les llamo yo, y a bordo no te pueden servir un puto vaso de agua, sencillamente porque no la tienen. Todo el agua del que disponen es para venta y si quieres, o necesitas, un vaso de agua si tienes suerte la azafata te dará de la suya, es así de duro y si no nos hubiera pasado tal cual a nosotros no me lo creería. Desde luego espero que se pongan las pilas porque Vueling les da mil patadas en calidad. Por cierto, si pides una hoja de reclamaciones te la darán, pero luego te la puedes comer, porque como no tienen sellos de la compañía a bordo, no te la pueden sellar y no vale para nada, tienes que volver a hacerla y entregarla en un mostrador de Iberia. Stupendo.
Total, que hasta hoy jueves no me he recuperado del fin de semana, porque hemos hecho de todo menos descansar.
Jones.













